Si quieres compartir esta entrada...

Hace unos meses escribí para Nosolocine un artículo sobre la serie ‘Us‘ (‘Nosotros‘), coproducida y protagonizada por un notable Tom Hollander, actor británico de teatro, cine y televisión, bien conocido por sus papeles (generalmente de secundario) en filmes como ‘Gosford Park’ (2001), ‘Orgullo y prejuicio’ (2005) y la saga de ‘Piratas del Caribe‘, donde encarna al malvado lord Cuttler Becket.

Basada en la novela homónima de David Nicholls (1966), ‘Us’ podía haber sido una película de duración razonable. Supongo que por razones de mercado –ahora se vende mejor una serie que un largometraje– se ha convertido en una producción seriada de seis episodios de 45 minutos cada uno. Hoy me centraré en un par de capítulos en lo que aparece Venecia y en el que han colado plazas de Barcelona y Vic como escenarios venecianos, así como suena.

Antes, os cuento cuatro cosas de esta simpática y amena serie de amores, desamores y relaciones paterno-filiales, mil veces vista, pero resultona, que se encuentra en la plataforma Filmin. Un matrimonio inglés cincuentón, Douglas Petersen (Hollander) y su esposa Connie (la interesante actriz Saskia Reeves), más su hijo de 17 años Albie (un prometedor Tom Taylor), se disponen a realizar un último viaje juntos de varias semanas por diferentes ciudades europeas, ya que el chico marchará a la universidad ese otoño y el nido quedará vacío.

Tom Hollander, Saskia Reeves y Tom Taylor, frente al Louvre.

Horas antes de partir, Connie le confiesa a Douglas que quiere separarse, que le quiere mucho, pero necesita vivir sola después de más de 20 años juntos. Esa confesión, realizada con total tranquilidad y sin gritos es el arranque de una historia que nos descubre el pasado de sus dos protagonistas adultos cuando eran jóvenes: un bioquímico sabiondo y un poco borde (Iain De Caestecker) y una artista algo hippy (Gina Bramhill), que se conocen en una fiesta y de los que iremos viendo su boda, primeros años en común, algún que otro drama y las casi siempre difíciles relaciones entre padre e hijo.

Iain De Caestecker y Gina Bramhill.

Empeñado en que el matrimonio no naufrague, Douglas sugiere seguir adelante con el viaje, primero a París y luego a Amsterdam, hasta que un incidente con el chico hace que este abandone a sus padres y viaje solo hacia Venecia. El intento de restañar las heridas y recuperar el cariño y respeto del hijo, hará que el padre emprenda una búsqueda del chaval, mientras la madre vuelve al hogar en Inglaterra. Los elementos dramáticos conjugan a la perfección con el tono global de comedia de la historia, sumados a toques románticos que no desentonan.

Hollander, junto al puente y mercado de Rialto, el Ponte Minich y el Arsenal.

Completan el reparto la joven irlandesa de ascendencia china Thaddea Graham, como la música callejera Kat, y la muy interesante actriz danesa Sofie Gråbøl, como Freja una encantadora mujer recién divorciada, que resultará muy atractiva para nuestro protagonista. El realizador encargado de dirigir el conjunto con sólida funcionalidad es Geoffrey Sax, un veterano de las teleseries.

Tom Taylor en el Ponte dei Conzafelzi, con el Ponte Minich al fondo.

No sé si la torpeza de camuflar unos escenarios catalanes por otros de Siena y Venecia se debe al propio Sax, a los productores ingleses o al equipo español de la serie. Ya sea por cuestiones de presupuesto o por otras razones que ignoro han intentado meternos un gol en este terreno, cada vez más seguido por muchos espectadores amantes de viajar y visitar localizaciones de series y películas.

Pues bien, en el tercer capitulo se ve a Douglas básicamente en cuatro o cinco escenarios venecianos, muy bien elegidos. Los tres más conocidos son el Mercado de Rialto, el Gran Canal y el Campo Santi Giovanni e Paolo, la plaza en la que se encuentran la basílica homónima y la antigua Scuola Grande di San Marco, a la que se accede por la misma puerta que al Ospedale, el hospital de la ciudad.

También hay un cuarto escenario cercano a este último que he citado, en el que hay dos fotográficos puentes con un edificio emblemático situado en la intersección de dos canales: el Ponte Minich mirando hacia el de los Conzafelzi (o a la inversa) y el famoso Palazzo Tetta. Y todo ello, a un paso de la no menos popular librería Acqua Alta, otra visita imprescindible para cualquier viajero.

Tom Hollander, con el Ponte dei Conzafelzi al fondo (foto de Colin Hutton).

Hasta aquí, todo correcto en la serie. Pero, poco después, ya en el episodio 4, aparece Albie tocando su guitarra en un campo (que se supone) veneciano y, horas más tarde, está Douglas tomando algo con Freja. Una plaza que resulta ser…. ¡la de Sant Felip Neri en Barcelona! Y no, no es un error. Allí están las paredes agujereadas de la iglesia (testimonio de la guerra civil española), la fuente en el centro y las mesas de un local allí ubicado.

La plaza de San Felip Neri, en Barcelona.

Rizando el rizo, horas más tarde, después de que Douglas y Freja desayunen en su hotel, paseen junto a la entrada del Arsenal y acudan a cenar a un restaurante, prosiguen su conversación en otro lugar, supuestamente veneciano. Les vemos caminar por una calle y allí, a su derecha, está… ¡el templo romano de Vic (Osona, Barcelona), en cuyos escalones se detienen para seguir charlando!

Tom Hollander y Sofie Gråbøl en localizaciones de Vic.

Para aprovechar aún más el rodaje en escenarios vigatanos, los responsables de la serie transformaron otra plaza y varias calles de la capital de Osona en una improbable Siena, ciudad a la que Douglas acude (en la ficción) siguiendo la pista de su huidizo hijo. En una plazoleta localiza a Kat tocando en la calle y, mientras le pregunta por su hijo, aparecen unos carabineros italianos para interferir en la trama. Si os apetece visitar el lugar, se trata de la plaza de Don Miquel de Clariana.

Tom Hollander y Tom Taylor en Montjuïc y en las Ramblas.

Posteriormente, ya en el episodio 5, la búsqueda de Albie por parte de su padre lleva a este hasta Barcelona, donde veremos al pobre Douglas subiendo las escaleras que conducen al Museu Nacional de Catalunya, en Montjuïc. Un ascenso agotador que conduce hacia el desenlace de esta divertida serie que, pese a esos fallos, os invito a ver. Aunque sea para descubrirlos.